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Número 226
Enero 2017

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Carta GD

"Estamos olvidando los valores del golf"

Carta abierta del director deportivo de la Federación de Golf de Madrid sobre los torneos amateur
22 diciembre 2016| Carlos de Corral

Desde hace años vienen dándose una serie de circunstancias que hacen que vayamos alejándonos cada vez más de lo que es el golf y de sus valores.

Con el fin lógico y respetable de tener las cuentas saneadas y contentar al mayor número de jugadores posible, olvidamos cómo empezó todo y los valores que enseña nuestro deporte y nos diferencia del resto.

El hecho de que lleguemos a una competición y por norma general se juegue stableford, en partidos de 4, con un suculento Wellcome pack, un sorteo de ensueño y de premio hándicap se otorgue un magnífico viaje al Caribe para 2 personas, creo que más que ayudar nos hunde como deporte.

Por un lado, se eternizan las jornadas. Estamos llegando al club de golf a las 8,30 am  y saliendo del mismo a las 20,30 pm. Esto hace que las posibilidades de que coincida con otro plan durante el día se multipliquen, que las posibilidades de que podamos repetir el plan se esfumen y por consiguiente, se juegue menos al golf.

Es cierto que a primera instancia parece el “plan completo” perfecto para el día libre pero el golf debería tratarse de otra manera. Es un deporte sano, saludable y sobre todo desafiante y  no podemos permitir que se vea como un “plan completo” que podamos hacer máximo  1 vez al mes.

¿Quién puede escaparse un día entero cada semana? Luego nos extrañamos de que solamente crezca el número de jugadores de categoría senior o de que la gente entre los 16 y 40 deje de jugar…

Si tratamos el golf como “un plan” tenemos que meter como alternativa y competencia a jugar al golf el salir de copas, el ir a un partido de fútbol, el dar un paseo por la montaña para recoger setas o simplemente quedarse en casa para ver un programa del corazón.

No tengo nada contra estas acciones pero, aunque nosotros mismos lo estemos intentando, no es lo mismo.

Gracias a dios, estoy convencido de que nuestro deporte tiene mejores cualidades y transmite grandes valores pero, si nosotros mismos tiramos piedras contra nuestro propio tejado, lo acabaremos vulgarizando por completo.

Anteriormente he utilizado la palabra “desafiante” para valorar el golf. No la he escogido al azar. Desafiar es competir y, sobre todo, retar a alguien.

Lo bueno que tiene el golf es que nuestro hándicap nos permite siempre retarnos con el campo, con nosotros mismos o incluso con nuestros amigos. Este debe ser el reto diario cuando pisamos un campo de golf. Debemos  mejorar, esforzarnos, hacer menos golpes que ayer… y con todo ello, pasar un gran rato en un enclave que no es precisamente un estercolero.

No hay duda de que la sociedad actual es muy competitiva y de que lo que se reclama  en los ratos libres es aire limpio, conversación, retos, diversión...en definitiva: GOLF.

Ahora que está tan de moda el running y vemos a la gente corriendo por la calle (entre los que me incluyo), no debemos olvidarnos de que no solamente se hace por salud. La mayoría utilizamos aplicaciones para ver cuánto progresamos, vemos si somos capaces de correr ahora más que hace un año y compartimos con nuestros amigos frikis todos estos datos.

Nuestro deporte tiene todo esto multiplicado por 100. Somos los más frikis y para colmo,  los que lo inventaron fueron tan listos, que se sacaron un as de la manga para que todos tengamos nuestro reto particular: EL HÁNDICAP.

Es en este punto en el que me meto con la modalidad (por llamarlo de alguna manera) stableford. Lo primero es que pongo bastante en duda que acelere el juego. Está claro que hay campos donde es necesario por su dificultad pero en condiciones normales te hace tomar decisiones absurdas, arriesgar más de la cuenta y por consiguiente fallar más y tener que buscar más bolas.

La estrategia es otro de los valores fundamentales que enseña el golf y que lo diferencia del resto de deportes. Con el stableford nos hemos olvidado de que existe la palabra estrategia en golf y nos creemos que es un juego de testosterona.

El juego por golpes es más puro. Acaba siendo como una partida de ajedrez o como una batalla entre 2 ejércitos con el mismo número de soldados.

Con todo este rollo lo único que quiero es hacernos reflexionar y que por lo menos, de vez en cuando, se recuerde cómo empezó todo. Que se recuperen las tradiciones y que se transmitan los valores que nos diferencian del resto de juegos. Que un día al año se pueda jugar en partidos de 3 o incluso de 2 (madre mía, qué desfachatez) y que se tarde 3 horas y 45 minutos en jugar los 18 hoyos.

Jugamos al golf porque en su momento nos enganchó su enclave, sus valores, su dificultad pero sobre todo porque nos pareció un desafío constante. Cada vez vemos menos jugadores en los campos de prácticas, menos jugadores con ganas de progresar y lo que es más grave, menos afición al golf.

Hablando con un amigo que empezó a jugar mucho antes que yo, me contaba anécdotas sobre torneos amateurs donde los propios socios del club seguían caminando la competición. Épocas en las que se admiraba al jugador capaz de hacer menos golpes que los demás.

Desgraciadamente todo esto suena a chino ahora mismo.

Mi punto de vista es que esto ha ocurrido y ocurrirá cada vez más  por los premios a la Bola más cercana, los suculentos Wellcome Pack  o el premio hándicap al Caribe para 2 personas. Al final nos lo hemos ganado, los programas del corazón de cada sábado por la tarde son nuestra competencia y ante eso, en nuestro país, se pierde seguro.

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